El místico armenio-griego George Gurdjieff, supo separar el grano de la paja de la doctrina del vello facial, recortándose y cuidando con esmero su puerta a dimensiones trans-racionales.
Cuando practico yoga, el maestro siempre nos anima a que meditemos en el tercer ojo situado en el entrecejo (también meditamos en el otro tercer ojo). Reconózcome díscolo en ocasiones, y siguiendo a Gurdjieff, prefiero meditar en mi bigotón.













































